Socialdemocracia y nuestro tiempo

Rocío Fernández, Secretaria de Economía del PSOE de Almería
Rocío Fernández, Secretaria de Economía del PSOE de Almería

Vivimos en un tiempo convulso, marcado por ataques de guerra que se suceden sin dar tregua para interiorizar los anteriores y por tensiones geopolíticas que extienden la incertidumbre a lo largo y ancho del mundo. Un contexto que llama a recordar lo que no debemos olvidar: que somos profundamente afortunados por vivir en España.

Porque España no es un país perfecto, ni está al margen de las dificultades de nuestro tiempo, pero, en términos comparativos, sí es un país privilegiado: tenemos una democracia plena con plenas libertades públicas, un sistema de servicios públicos concebido para ofrecer una red de seguridad vital, formamos parte de la UE -uno de los espacios políticos y sociales más avanzado del mundo- y, como estamos viendo, ante escenarios de inestabilidad internacional y perturbaciones en el suministro energético, demostramos una capacidad de resistencia notable y superior a la de muchos países del entorno.

Una resistencia que no es fruto de la suerte ni solo de nuestra posición geográfica, sino también de decisiones políticas concretas adoptadas en estos años por el Gobierno del Partido Socialista: rebajas temporales de impuestos energéticos, apoyos económicos y regulatorios a las empresas y una intensa apuesta por las energías renovables han contribuido a abaratar la factura energética, moderar la inflación y sostener el consumo y la inversión en un contexto extraordinariamente adverso que inició la pandemia. Así, el FMI ha subrayado que el impacto de la subida del gas sobre nuestra economía se ve atenuado, entre otros factores, por el gran peso de las renovables en nuestro mix eléctrico.

Por todo lo anterior, y gracias a ello, la gran tarea hoy en España ya no es escoger entre crecimiento y justicia social, sino proteger la justicia social para tener crecimiento estable y cohesión social duradera. Y, por ello, la socialdemocracia vuelve a ser hoy más necesaria que nunca.

Frente a quienes se fotografían con una motosierra en despachos de poder —o sueñan con hacerlo— conviene también recordar lo que la realidad muestra cada día: que el mercado, por sí solo, ni corrige desigualdades ni garantiza oportunidades; como tampoco resolverá el problema de la vivienda, ni reconstruirá el tejido industrial perdido y los sistemas públicos autonómicos mermados, ni revisará el sistema de ayudas públicas para proteger a quienes realmente lo necesitan.