La sanidad pública andaluza atraviesa uno de los momentos más preocupantes de su historia y, en la provincia de Almería, esa realidad tiene nombres y rostros concretos a los que Moreno Bonilla ha dado la espalda. No son simples números, aunque se les quiera tratar como tales, sino personas que esperan, desesperan y, en demasiadas ocasiones, acaban siendo derivadas fuera de su propio sistema sanitario porque el de aquí ya no responde como debería.
El hospital La Inmaculada, en Huércal-Overa, se ha convertido en el símbolo más evidente de este deterioro. Lo que debería ser un referente asistencial para el Levante, el Almanzora y Los Vélez ha pasado a ser señalado como “zona cero” del desmantelamiento sanitario, con listas de espera inaceptables, carencias que han dejado de ser coyunturales para convertirse en estructurales y pacientes que son derivados por decenas a clínicas privadas en Murcia.
El hospital de Poniente tampoco escapa a esta realidad. La saturación, la falta de profesionales y la creciente presión asistencial reflejan un modelo que ha dejado de situar a los pacientes en el centro para priorizar otros intereses. Mientras tanto, miles de almerienses siguen esperando una cita, una prueba diagnóstica o una intervención que debería llegar a tiempo.
Este es el resultado de ocho años de gobierno de Moreno Bonilla en Andalucía, con decisiones contrarias a los intereses generales que han debilitado hasta el extremo la sanidad pública.
Ante este escenario, desde el PSOE hemos planteado la necesidad de reforzar el sistema sanitario con 3.000 millones de euros adicionales cada año para poder recuperar su capacidad de respuesta.
El plan de rescate que pondremos en marcha en los primeros días de gobierno de María Jesús Montero al frente de la Junta tendrá como objetivo eliminar las listas de espera y garantizar que las citas en atención primaria puedan obtenerse en un plazo máximo de entre 24 y 48 horas. Reforzar la sanidad pública exige invertir más y mejor; por eso destinaremos esos 3.000 millones de euros adicionales cada año para recuperar profesionales y asegurar que los recursos públicos se dirijan a fortalecer el sistema, no a derivar pacientes a la sanidad privada.
Andalucía necesita recuperar la confianza en su sanidad pública, y eso solo será posible con un compromiso firme con un sistema universal, accesible y de calidad. Porque no es solo una cuestión de gestión, sino de justicia. Cuando hablamos de sanidad, hablamos de dignidad. Y esa no puede esperar.
