Hay momentos en los que la retórica desaparece y solo quedan los hechos. Los recientes temporales que han azotado Andalucía nos han vuelto a demostrar que, cuando vienen mal dadas, los servicios públicos son nuestro único salvavidas.
Son los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Protección Civil, los servicios de emergencias, la Agencia Estatal de Meteorología y tantos otros quienes se baten el cobre, informan a la población, coordinan desalojos, habilitan albergues, restablecen suministros y acompañan a quienes lo necesitan sin preguntar a quién votan o cuánto tienen. Esa es la política útil, la que se ejerce sobre el terreno, tomando decisiones y movilizando recursos.
El Gobierno de España está trabajando desde el minuto uno en atender los daños causados por el temporal en Andalucía, pero ya es hora de que Moreno Bonilla asuma también sus responsabilidades y ejerza plenamente sus competencias. La Junta no puede limitarse a reclamar medidas al Gobierno central mientras sigue sin activar las suyas, que deben aprobarse de manera inmediata y contener compromisos concretos.
Nuestro campo, nuestros municipios y nuestros sectores productivos no pueden esperar meses y meses a que el Gobierno andaluz del PP decida ponerse en marcha. ¿Va a ayudar Moreno Bonilla a nuestra agricultura o va a darle la espalda durante más de un año, como ocurrió tras la dana de 2024?
También es imprescindible que se reconozca a quienes han estado en primera línea. Las trabajadoras y los trabajadores del 112 no necesitan palmaditas en la espalda, sino mejores condiciones laborales, estabilidad y más recursos para desarrollar su labor con garantías. Así es como se reconoce de verdad su trabajo y su entrega.
Este temporal, por desgracia, ha evidenciado también la importancia de proteger los servicios públicos frente a los bulos y las mentiras que circulan por las redes sociales y los pseudomedios interesados en erosionar la confianza colectiva. Resulta preocupante el auge de los discursos que desacreditan lo público o promueven un modelo que deja a cada cual a su suerte.
Nuestra democracia se ha construido sobre un Estado del bienestar que garantiza protección ante la adversidad y ampara a quienes más lo necesitan. Debilitar ese modelo es debilitarnos como sociedad, porque cuando la tormenta arrecia no nos salvan los discursos ni las consignas partidistas: nos salva lo público.
