Hay decisiones políticas que marcan una legislatura y otras que delatan el momento que atraviesa un gobierno. El adelanto electoral de Moreno Bonilla pertenece claramente a las segundas. La convocatoria fijada para el 17 de mayo no responde a la estabilidad de la que presume el todavía presidente de la Junta, sino al miedo a un cambio que ya se percibe en la calle, donde la ciudadanía va a apostar claramente por su salud.
Porque hoy en Andalucía la sanidad pública ha pasado de ser un servicio público que garantiza una asistencia de calidad a convertirse en una preocupación constante cuando enfermamos, debido a la enorme demora en la respuesta asistencial.
En Almería esa realidad es especialmente dura. Más de 100.000 personas aguardan una cita con el especialista o una intervención, en hospitales donde faltan profesionales, camas y recursos. Centros sanitarios como el de Huércal-Overa o el de Poniente funcionan con plantillas muy por debajo de lo mínimamente exigible, mientras se destinan millones de euros a derivaciones a la sanidad privada en lugar de reforzar la pública. Y esto no es una opinión, sino la realidad que viven los ciudadanos cada día.
Por eso estas elecciones no son unas elecciones más. Nos jugamos la salud y, en muchos casos, la vida. Estamos ante un auténtico referéndum sobre la sanidad pública y, en ese sentido, tenemos que reflexionar y actuar en consecuencia.
El PSOE de Andalucía está preparado, cohesionado e ilusionado para liderar el cambio de modelo de la mano de María Jesús Montero, con una propuesta clara: poner en marcha un plan urgente para rescatar la sanidad pública en sus primeros días de gobierno y devolver la dignidad y la calidad a la atención sanitaria.
Pero no se trata solo de la sanidad. Hablamos también de educación, con aulas masificadas; de jóvenes sin acceso a la formación profesional y a la vivienda, así como de personas dependientes que esperan durante años una ayuda que llega tarde o nunca. Hablamos de una Andalucía que no puede seguir avanzando solo para quienes pueden permitírselo, tal y como está ocurriendo ahora.
Cuando la ciudadanía toma verdadera conciencia de lo que está ocurriendo, responde. Y este es uno de esos momentos, porque no hay quien aguante un día más esta situación. Estoy convencido de que Andalucía puede volver a ser un lugar donde vivir con tranquilidad, donde lo público funcione y donde nadie tenga que elegir entre esperar o curarse.
