Óscar Puente ha dado una lección política y personal como pocos cargos públicos en nuestro país. Su capacidad para dar la cara, asumir responsabilidades y anteponer el interés general al personal tras la tragedia ferroviaria de Urda ha demostrado que todavía hay quienes entienden la política como un ejercicio de compromiso y responsabilidad.
Nada puede aliviar el dolor de las familias que han perdido a sus seres queridos, que merecen todo el respeto y que se esclarezca lo ocurrido para evitar que vuelva a suceder. Esa obligación de dar respuestas ante una tragedia tan dolorosa como la que hemos vivido es la que ha asumido el exministro de Transportes, que ha comparecido, ha dado explicaciones y finalmente ha renunciado a su cargo. Ni se ha escondido ni se ha aferrado al sillón.
¿Cuántos dirigentes del PP han asumido responsabilidades políticas por tragedias como el Yak-42, las residencias de Madrid o la dana de Valencia? ¿Dónde estaban las dimisiones cuando las familias reclamaban explicaciones? Resulta difícil aceptar lecciones de quienes tantas veces han preferido señalar a otros antes que asumir sus propias responsabilidades.
En Andalucía conocemos bien esa manera de actuar. Los fallos en los cribados del cáncer de mama y el incendio de Los Gallardos, con 15 fallecidos, han puesto de manifiesto el doble rasero del Gobierno de Moreno Bonilla, que ni da explicaciones ni permite que se investigue en el Parlamento lo que ha sucedido. Por eso resulta aún más indecente que los dirigentes del PP en Andalucía exijan responsabilidades sin aplicarse el mismo criterio que han reclamado para Óscar Puente y el presidente del Gobierno.
Por supuesto, dimitir no borra lo ocurrido ni sustituye la obligación de investigar hasta el final las causas de un accidente. Tampoco devuelve a nadie la vida. Pero negar el valor de una decisión que implica abandonar el poder sería tanto como decir que da igual asumir responsabilidades que eludirlas. Y no, no da igual.
En estos tiempos de ruido y polarización, la ciudadanía merece dirigentes que den la cara ante tragedias de esta magnitud, incluso cuando hacerlo tenga un coste personal, porque el ejercicio de la política exige un compromiso con la gente que debe prevalecer sobre cualquier interés particular.
Por eso, frente a quienes insisten en que todos los partidos son iguales, conviene mirar los hechos con objetividad y comprobar que hay quien da explicaciones y se marcha, mientras otros buscan todo tipo de excusas para quedarse. Esa diferencia importa. Y mucho.
