Hay declaraciones políticas que conviene escuchar con atención estos días porque revelan lo que algunos están dispuestos a hacer si llegan al Gobierno. Ya les anticipo que nada bueno. Vox, por ejemplo, ha calificado el sistema público de pensiones de “zombi” y plantea avanzar hacia un modelo en el que el capital privado juegue un papel relevante. El problema es que el argumento sobre el que construye esa propuesta es absolutamente falso.
La hucha de las pensiones ha pasado de 5.000 millones de euros en 2018, cuando gobernaba el PP, a 20.000 millones con el Gobierno de Pedro Sánchez. No estamos, por tanto, ante un sistema en dificultades, sino ante uno que goza de buena salud y que debemos seguir fortaleciendo y protegiendo frente a los bulos interesados que buscan sembrar dudas para justificar su desmantelamiento y privatización.
Casi al mismo tiempo, hemos escuchado a Feijóo cuestionar las bajas laborales y a Isabel Díaz Ayuso poner en duda nuestro sistema electoral al pedir que “ni se le ocurra” a nadie votar por correo. Sembrar sospechas sobre un procedimiento que lleva años funcionando con todas las garantías es muy grave. El voto por correo es un derecho, especialmente importante para quienes no pueden acudir presencialmente a las urnas, y su seguridad ha quedado acreditada elección tras elección.
Frente a ese ruido, el Gobierno de Pedro Sánchez seguirá trabajando por este país, porque convocar elecciones no significa dejar de gobernar ni desentenderse de los problemas de la gente. Lo ha demostrado volviendo a aprobar los decretos de vivienda rechazados por Feijóo y Abascal, uno de los cuales está plenamente operativo desde el pasado jueves.
Entre sus medidas figuran préstamos públicos de hasta 50.000 euros sin intereses para pagar la entrada de la primera vivienda, deducciones de hasta 1.000 euros para inquilinos que pagan un alquiler de 800 euros -el precio medio en Almería-, protección frente a los desahucios, límites a los fondos buitre y la prórroga de los contratos de alquiler. Todas ellas afectan directamente a miles de familias.
Quedan semanas hasta las elecciones y cada cual está enseñando ya sus cartas, entre las que figura el trato miserable que la derecha más desalmada ha dispensado a Maricarmen, incluso después de su fallecimiento. Por eso conviene fijarse bien en lo que está ocurriendo ahora, porque pocas cosas explican mejor lo que puede venir después y lo que nos jugamos el 29 de noviembre.
