La realidad educativa en Andalucía no entiende de calendarios, hasta el punto de que se ha convertido en un problema estructural que persiste mucho más allá del inicio del curso. A estas alturas, cuando la rutina escolar debería ser la norma, se puede confirmar sin miedo a equivocarse que la gestión del Partido Popular al frente de la Junta de Andalucía ha transformado la Formación Profesional en un embudo donde la educación pública se asfixia mientras el negocio privado florece sin apenas control.
Lo que ocurre en nuestras aulas, y muy especialmente en Almería, responde a una estrategia política premeditada. Durante este curso, sindicatos como USTEA y CCOO han denunciado que más de 40.000 solicitantes se quedaron sin plaza en la FP pública andaluza. Mientras Moreno Bonilla suprime especialidades en los centros educativos públicos, frustrando las expectativas y los sueños de muchos jóvenes, las autorizaciones para centros privados se multiplican, consolidando un sistema en el que solo sale adelante quien puede pagarse el título y quien no puede hacerlo se ve obligado a pedir un préstamo o a quedarse fuera del sistema.
Frente a esta privatización, el Gobierno de Pedro Sánchez ha transferido a las comunidades autónomas más de 1.100 millones de euros destinados específicamente a la cualificación y recualificación profesional. La pregunta que muchos jóvenes se hacen hoy es dónde está ese dinero. En Andalucía, esa lluvia de millones no se ha traducido en una bajada real de las ratios ni en la absorción de la demanda pública. El dinero llega, pero la Junta opta por no ejecutarlo en lo público para justificar la derivación hacia lo privado.
La diferencia entre la apuesta educativa del PP y del PSOE es esclarecedora. Mientras la Junta da la espalda a los jóvenes, el Gobierno de España ha lanzado las mayores becas de la historia, con 2.520 millones de euros para aumentar las ayudas y proteger al alumnado con más dificultades. El objetivo es claro: que nadie deje de estudiar por falta de recursos. En cambio, con la gestión de Moreno Bonilla, el talento se pierde simplemente porque decide no crear suficientes plazas públicas para atender la demanda existente. ¿Le suena? Es la misma receta que ya hemos visto en la sanidad.
