Contra la especulación, vivienda pública

José María Martín, secretario general del PSOE de Almería
José María Martín, secretario general del PSOE de Almería

La vivienda se ha convertido en los últimos años en un bien con el que especular y obtener una alta rentabilidad mientras decenas de miles de jóvenes retrasan su emancipación y familias enteras destinan la mayor parte de su sueldo al pago del alquiler o la hipoteca. Frente a ese bucle infinito del que resulta tan difícil salir, el Gobierno de Pedro Sánchez comenzó a dar pasos decisivos para abordar este problema aprobando la primera Ley de Vivienda de nuestra democracia y situando este derecho en el centro de las políticas públicas.

El nacimiento del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana respondió precisamente a ese objetivo: que la vivienda se convirtiera en el quinto pilar del Estado del Bienestar, de manera que, si nadie cuestiona hoy la sanidad o la educación pública, tampoco debería cuestionarse el derecho de cualquier persona a acceder a una vivienda digna y asequible.

Ese cambio de modelo empieza ahora a tomar forma con el nuevo Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, que movilizará 7.000 millones de euros en todo el país, de los que cerca de 1.200 millones se destinarán a Andalucía, la comunidad autónoma que más fondos recibe. Se trata de una inversión histórica que triplica los recursos del anterior plan y que tiene como objetivo ampliar el parque público de vivienda protegida y asequible para frenar la voracidad del mercado y garantizar que la vivienda cumpla la función social que recoge nuestra Constitución.

El Plan Estatal, acordado con todas las comunidades autónomas, persigue aumentar la vivienda pública, protegida y asequible; adelantar la edad de emancipación de los jóvenes; reducir el esfuerzo económico que supone acceder a una vivienda y revertir la situación de las zonas tensionadas.

La principal novedad reside, además, en su firme apuesta contra la especulación, ya que ni un solo euro público irá destinado a viviendas que en el futuro puedan privatizarse. Es decir, las viviendas construidas con dinero público seguirán siendo públicas para siempre.

Con este nuevo modelo, el Estado deja de limitarse a transferir fondos, que en ocasiones ni siquiera se han utilizado de manera eficiente, y pasa a asumir un papel activo en la dirección y coordinación de la política de vivienda, exigiendo también corresponsabilidad a las comunidades autónomas, porque el problema de la vivienda ya no admite ni una excusa más ni tampoco una sola medida menos.