La pregunta “¿Cómo quieres vivir?” debería hacerse a toda persona en situación de dependencia. Que una persona necesite ayuda para levantarse, salir a la calle o seguir en casa no significa que tenga que renunciar a decidir sobre su propia vida, y, sin embargo, demasiadas veces hemos hablado de plazas y prestaciones antes de escuchar a la persona.
Hace veinte años, un Gobierno socialista convirtió la atención a la dependencia en un derecho. La reforma que acabamos de aprobar recoge aquella conquista y la lleva más lejos, poniendo la autonomía personal en el centro. Esta ley permite combinar apoyos que antes eran incompatibles, refuerza la asistencia personal, reconoce la teleasistencia como un derecho subjetivo y abre más caminos para que nadie tenga que abandonar su hogar solo porque allí no llegan los apoyos que necesita. Además, reconoce a la persona cuidadora principal, a madres, hijas y parejas que han sostenido el sistema sin que el sistema las mirase a ellas.
Pero nada de esto nació en un despacho, detrás hay años de reivindicaciones de las personas con discapacidad, de sus familias, de las entidades y de las trabajadoras de ayuda a domicilio. Por eso dolió ver al PP intentando paralizar la ley, abstenerse en el Congreso y tratar después de cambiar en el Senado lo que tantas personas habían ayudado a construir.
Además, el Gobierno de España ha elevado su aportación a la dependencia a 5.513 millones de euros en 2026, con el compromiso por ley de alcanzar el 50% de financiación. Pero en Andalucía, la Junta es quien valora, reconoce el grado y asigna las prestaciones y servicios y cuando una solicitud se atasca, esa responsabilidad tiene nombre y apelllidos: Juan Manuel Moreno Bonilla.
En 2025, 7.000 personas murieron en Andalucía esperando una respuesta a su solicitud de dependencia. Sus familias ya no pueden recuperar ese tiempo y Moreno Bonilla no puede dar por resuelto un sistema que llega demasiado tarde para tantas personas.
Esta ley abre la posibilidad de que cada persona reciba los apoyos necesarios para vivir como desea. Ahora le toca a la Junta de Andalucía cumplir su parte y hacer que esos derechos lleguen a tiempo a cada hogar. Se lo debemos a quienes llevan años luchando por esta reforma y a quienes todavía esperan una respuesta. Por ellos, y porque su vida puede cambiar de verdad, lo dije en el Congreso y lo repito hoy: por leyes como esta merece la pena estar en política.
